Historia

Una persona muy estudiosa de los temas agrícolas, después de haber adelantado investigaciones sobre la producción de tomate, optó por el cultivo del tomate en invernadero y convenció a varios amigos para experimentar esta nueva tecnología, al parecer, muy promisoria en la región del Alto Ricaurte boyacense, gracias a la calidad de los productos; ahorro del agua requerida, el manejo de semillas, fertilizantes, abonos orgánicos, el control de plagas y enfermedades, el cuidado del medio ambientey así poder obtener agricultura limpia con productos orgánicos que son los rendimientos alcanzados en esta etapa.

Aquella persona, “el gordito”, para sus amigos, asesoró y capacitó a todas las personas que quisieron sembrar tomate bajo invernadero. Algún día en charla de “soñadores” surgió la idea de asociar a los cultivadores de tomate de la región propuesta que tomó impulso en el diario compartir, agitó la curiosidad práctica y científica y tomó cuerpo con la presencia de expertos reconocidos que iniciaron un proceso de formación y asesoría a todos los agricultores y personas que vieron en la capacitación una buena oportunidad de abandonar la rutina laboriosa del agro a cambio de experiencias tecnológicas validadas cuya transferencia se convirtió en una gran oportunidad de crecimiento y desarrollo.

Los sueños hechos realidad generan nuevos sueños. Uno muy grande y trascendente fue el de realizar una TOMATINA evento intencionado para fortalecer los vínculos de unión entre los cultivadores de tomate, agradecer a la vida y a la naturaleza su generosidad, profundizar en la importancia de la transferencia tecnológica, darle paso a la cultura y las expresiones artísticas regionales y, lo más importante, compartir en un ambiente de alegría y jolgorio los sueños hechos realidad. Así nació la PRIMERA GRAN TOMATINA COLOMBIANA con los aportes entusiastas de todos los cultivadores que hicieron del evento una experiencia grandiosa.

Heynner Suárez S., un abogado del municipio de Sutamarchán, cultivador de tomate bajo invernadero, persona prestante y profesional de gran trayectoria en el tema agrícola incluidos sus servicios como directivo del ICA, (entidad que maneja la protección y la sanidad agropecuaria del país), creó el FESTIVAL NACIONAL DEL TOMATE Y LA GRAN TOMATINA COLOMBIANA, con el cual se formalizó el gran impulso a la capacitación, a la transferencia de tecnología tanto para los cultivadores a campo abierto como para los de invernadero. Profesionales del campo y en general toda persona que quiso estudiar y recibir formación en temas técnicos como tratamiento de suelos, aguas, semillas, fertilizantes para el cultivo del tomate y hortalizas, se vieron favorecidos con ocasión con LA GRAN TOMATINA COLOMBIANA y se convirtieron en sus impulsores y a la vez, sujetos de homenaje en este hermoso evento.

Cabalgatas, desfiles de comparsas, carrozas, bandas musicales, artesanías, disfraces, concursos y exhibiciones alusivas al tomate fueron el marco para el evento central, LA TOMATINA, programada para las 3:00 PM del día señalado, (1er puente festivo del mes de junio de cada año) en la que a la usanza del municipio de Buñol en España, al aviso de una sirena, se da comienzo a este juego muy particular, en el que niños primero y luego adultos, se trenzan en una cordial y divertida batalla de tomate debidamente madurado, en la que cada puñado y cada unto se convierten en caricias y manifestaciones gozosas de afecto, amistad, cariño o amor, en donde todo el mundo puede participar sin limitaciones de raza, color o estrato, pues la única exigencia es querer divertirse y gozar la vida en este juego integrador, juego que por demás es único en Colombia y que ha logrado convocar a miles de turistas a esta región de ancestros de españoles por su historia y su cultura.

A este inmenso fogón de bellos municipios: Villa de Leyva, Santa Sofía, Sáchica, Tinjacá, Ráquira, (Desierto de La Candelaria) y Sutamarchán, (Convento del Santo Eccehomo), tierra de la TOMATINA, conocidos como el CIRCUITO DE LOS DINOSAURIOS. Se llega por Tunja, por Moniquirá o Chiquinquirá, cuyas vías además de su seguridad, embelesan por sus paisajes y las gentes maravillosas que las habitan.